← Blog

Noticias

Las pizzas ya están en el menú

Después de las catas, la pizza deja de ser una prueba y entra a la carta de Alma Jardín: masa de fermentación lenta, horno de leña y una lista concreta para pedir en la mesa.

Durante un tiempo la pizza vivió en las catas. Se probaba, se discutía, se ajustaba un queso, un punto de picante, el momento en que la burrata debía caer sobre la masa. Ese capítulo ya cerró. Las pizzas están en el menú de Alma Jardín y se piden en la mesa, junto al resto de la carta.

No es un especial de fin de semana ni un menú paralelo que hay que preguntar en voz baja. Está escrito en la carta, en la sección de pizza: masa de fermentación lenta y horno de leña. Si vienes a almorzar o a cenar, puedes armar la mesa alrededor de una pizza igual que alrededor de una parrillada, un pannecook o una pasta.

Qué vas a encontrar

La lista es concreta. Hay tres que explican la casa sin pedir contexto: la Margarita, de tomate, mozzarella y albahaca; la Pepperoni, intensa, con albahaca al final; y Tres Quesos, de mozzarella, ajo, parmesano y laurel. Son las que pedimos cuando alguien quiere reconocer el lugar antes de aventurarse.

Después están las que tienen un punto de vista. Pizza del Huerto lleva salsa napolitana, mozzarella, setas, tomates cherry y rúcula. Fungi trabaja hongos albino, ajo confitado, tomillo y parmesano, y se cierra con reducción de balsámico. Fugazetta es cebolla dorada sobre mozzarella, orégano y aceite, sin salsa de tomate. Burrata Diavola junta salami picante, burrata y miel de chile. Polpo combina pulpo, papa y romero, y sale con limón y perejil. Postacchio lleva pimentón rojo asado, queso de albahaca y ajo, y se termina con pistacho.

Y hay dos que juegan con lo dulce sin volverse postre. Alma Dolce es salsa napolitana, mozzarella, tocineta y dip de piña. Pizza di Ángela es crema de queso azul, peras caramelizadas en vino blanco y romero, y almendras tostadas. Las escribimos aparte porque se piden distinto: como un giro de la mesa, no como la única pizza si el hambre es grande y el grupo está dividido.

Qué puedes esperar al pedirla

La masa es la misma en todas: fermentación lenta, estirada para que el borde tenga aire, cocida en leña hasta que el fondo quede firme y manchado. Algunos ingredientes entran al horno porque lo necesitan. La salsa, la mozzarella, la cebolla, el pimentón, la papa, el pulpo. Otros se ponen al salir, porque el fuego los apagaría: la burrata, la ralladura de limón, el pistacho, la albahaca fresca, el balsámico, el dip de piña. Ese criterio es el que mantiene cada pizza en su sitio. No es una regla de moda. Es la diferencia entre un ingrediente que se integra y uno que se sacrifica.

La porción está pensada para compartir. Una pizza bien comida en dos es una comida. En cuatro, casi siempre conviene pedir dos, y que no sean del mismo carácter. Una clásica al lado de una de la casa le da a la mesa un contraste real: trigo y tomate primero, y después algo con más relieve.

Cómo sentarse a pedirla

Si es la primera vez, empieza simple. Margarita o Tres Quesos, y al lado algo corto para abrir: las Hamburguesitas Alma, una longaniza con arepa, unas tapas de patacón. Así se entiende el borde antes de entrar en una pizza más cargada.

Si ya conoces la casa, arma un contraste. Fugazetta con Burrata Diavola. Polpo con Margarita. Postacchio con Pepperoni. Alma Dolce o Pizza di Ángela como segunda, cuando la mesa ya comió algo salado y quiere un cambio de dirección, no un postre disfrazado.

El resto de la carta sigue donde estaba. La parrillada para dos, los pannecooks, la bologñesa de cocción larga, las hamburguesas y el sushi no se movieron para hacerle campo a la pizza. La pizza se sumó. Se puede compartir mesa con ellos sin convertir la comida en un muestreo desordenado: un centro claro, un bocado para abrir, algo frío para beber.

Para el detalle de cómo leer cada sección, escribimos una guía del menú. Para entender por qué el borde sabe como sabe, está la nota sobre la masa madre. Esta es solo la noticia: ya se puede pedir.