La carta de Alma Jardín es larga a propósito. Hay entradas, cremas, pizza, pannecooks, hamburguesas, parrilla, pasta, sushi y una barra con cócteles, cerveza, sodas y jugos. Leída de corrido parece un restaurante que quiere ser cinco. Leída como se arma una mesa, es una casa con varios centros posibles. Esta nota es para elegir uno y no perderse.
No hace falta recorrerla de arriba abajo. La pregunta útil es otra: ¿qué va a ocupar el medio de la mesa? A partir de eso, el resto se vuelve pequeño.
Si el centro es la pizza
Empieza por las que enseñan la masa. La Margarita lleva tomate, mozzarella y albahaca: tres cosas, y el borde tiene que sostenerlas. Tres Quesos es mozzarella, ajo, parmesano y laurel, cremosa y más quieta. Pepperoni es la directa: salsa de tomate, mozzarella, pepperoni y albahaca. Si alguna de estas convence, el horno y la fermentación están haciendo su trabajo. Si no, ninguna pizza más cargada lo va a disimular.
Las de huerta y hongo son el siguiente paso, todavía claras. Pizza del Huerto suma setas, tomate cherry y rúcula sobre salsa napolitana. Fungi va por hongos albino, ajo confitado y tomillo, y se termina fuera del horno con balsámico. Son pizzas de sabor terrestre, buenas cuando la mesa no quiere carne ni mar.
Después están las que tienen una idea. Fugazetta es cebolla dorada y mozzarella, sin tomate: una pizza de contención. Burrata Diavola es salami picante, burrata y miel de chile: calor, crema y un dulzor corto. Polpo es pulpo, papa, romero y, al salir, limón. Postacchio es pimentón asado y ahumado, queso de albahaca y ajo, pistacho y ralladura. Cada una pide atención. Pedir dos de este grupo, sin una clásica al lado, puede volver la mesa ruidosa. Una de idea y una sencilla suelen comerse mejor.
Alma Dolce y Pizza di Ángela cierran la lista por una razón. Las dos usan dulzor con intención: tocineta y dip de piña en una, pera, romero y queso azul en la otra. Funcionan como segunda pizza, cuando ya hubo algo salado. Como única pizza de una mesa hambrienta, se quedan cortas o cansan.
Para dos personas, una pizza y un bocado de entrada alcanzan. Para cuatro, dos pizzas. Que no se parezcan. Margarita y Polpo. Fugazetta y Burrata Diavola. Pepperoni y Postacchio. El contraste hace que la segunda se sienta distinta, no como una repetición con otros ingredientes.
Si el centro es otra cosa
La pizza no desplazó al resto. La parrillada para dos sigue siendo la mesa de fuego y de compartir en grande: lomo de cerdo, res madurada, longaniza, arepa Alma, aguacate, maduro y tomates asados. El churrasco, el baby beef y el lomo de cerdo cubren a quien quiere un plato de parrilla sin armar la parrillada completa.
Los pannecooks son pan de la casa, crujiente, relleno. El de lomo fino va con vino blanco; el de pollo, con champiñones. Llegan con tostadas. Son una comida, no una entrada disfrazada. Pídelos cuando quieras el pan como protagonista y no te importe saltarte la pizza.
En Alma Italiana, la bologñesa es la que más dice de la cocina: salsa de varias horas, reposo y un truco de vino. La pasta al teléfono, el Alfredo, el risotto fungi y los Gamberetti —camarón, pomodoro, peperoncino, y picante de uno a cinco si lo pides— cubren el resto. Frutos del mar es el plato grande de esa sección.
Las hamburguesas tienen su propio carácter. Patagonia es la argentina de la casa: carne madurada, chimichurri, mozzarella a la parrilla y cebolla. Smoky Bacon fue favorita en el Querencia Burger Challenge: carne, tocineta caramelizada y barbacoa. Alma Grill traduce la parrillada a hamburguesa, con puré de plátano, guacamole y mermelada de pimentón. No son acompañamiento de la pizza. Son el otro centro.
El sushi vive en su carril. Philadelphia, spicy salmon, tempura, veggie, el salmón en salsa de lulo. Se puede compartir mesa con una pizza, pero no intentes que sigan la misma lógica. Si la mitad de la mesa quiere sushi y la otra pizza, pidan eso y no un híbrido.
Para abrir, y para beber
Una sola entrada suele bastar si después viene pizza o parrilla. Las Hamburguesitas Alma son tres, de pan artesanal, lechuga, tomate, queso americano y res madurada: el bocado más fácil de poner en el centro mientras llega lo demás. Longaniza con arepa es la de la región, baja en sodio, con arepa Alma. Las tapas de patacón llevan sour cream, aguacate, hogao y lomo fino. El ceviche limeño es pescado blanco, cebolla roja, limón, maíz y cilantro: pídelo si quieres algo frío y ácido antes de una pizza rica en queso. El maduro gratinado, con bocadillo y mozzarella, es el dulce-salado de las entradas. Las cremas —pollo o cebolla, con pan— tienen sentido cuando la mesa quiere arrancar en caliente y suave.
Para beber, no hace falta maridar cada porción. Un estilo para la mesa alcanza. Tinto de verano, o el de Licor 43 si quieres más especia, acompaña bien la Pepperoni y la Burrata Diavola. La soda italiana, de frutos rojos o amarillos, refresca una pizza cremosa; se le puede sumar ginebra. El Gin and Tonic Alma, con limón flameado, queda limpio al lado de la Polpo o de la Margarita. Cerveza —Stella, Corona, Club Colombia— si la mesa se fue a la parrilla o a la Fugazetta. El Padrino, whisky y amaretto, es de copa lenta, mejor cuando la comida ya no es el picante.
Una mesa que se entiende
Cuatro personas, sin complicarla: una entrada para picar, dos platos de centro que no digan lo mismo, y una manera de beber. Puede ser Hamburguesitas, Margarita y Burrata Diavola. Puede ser ceviche, Polpo y una pasta para quien no quiera pizza. Puede ser parrillada para dos y una Fugazetta si alguien en la mesa sí la quiere. Lo que envejece mal es pedir un poco de todo. La carta aguanta muchos apetitos. Una mesa se come mejor con un eje.
Los precios y el detalle de cada plato están en el menú. Esta nota es el mapa: elige el centro, abre con una sola cosa, y deja que el segundo plato contradiga un poco al primero.